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domingo, 11 de septiembre de 2011

Balanza inclinada de día y de noche


Por Jorge Piña


Lo conocí en la casa de Eloy Alberto Tejera. El poeta y periodista que más he admirado de mi País. Ni los Nóbeles del Caribe: García-Marquez ni Vargas-Llosa refrenan ese encanto periodístico. Fue frente al Parque de los Indios al principio de la Calle Isham y al final del paseo del mismo nombre: Paseo de los Indios. Exactamente donde está el lago que se bebe el agua de día y se llena de noche. El Corral de los Indios de San Juan de la Maguana, o Ceremonial de los Indios como le llaman los antropólogos postmodernos de hoy, no tiene nada que envidiarle a este parque. No por su extensión y belleza ni por estar al frente del Río Hundson de Whitman sino por el lugar primario que ocupa en mis recuerdos y el encanto que cobra sabiendo que el amor de mi vida dijo "I do" allí. "Y quién es este tipo Piña para yo aceptar esta invitación a un tal foro de cultura con los dominicanos en la Casa de Cultura de finales de siglo! I never have heard of him. Sé que diría para sus adentros, no sin la arrogancia del genio rabioso casi recién llegado de la Union Soviética. Pronto comprendió que los dones naturales de prodigiosidad del señor no son únicos y ni exclusivos de unos pocos sino que son similares tanto para Las Llayas de sus mañanas como para el Granero del Sur de mis recuerdos. El talento se impone por la pasión y el trabajo. De eso no cabe dudas. Desde entonces no he dejado de ver sus múltiples hazañas, logros y empresas. Novelista de noche. Bestseller de día. Quién de mis amigos ha podido comprarse un apartamento nuevesito en New York tan sólo de las ventas de sus libros. Nadie. R.A. lo hizo. Luego, periodista y político de noche. Productor de radio y televisión de día. Y quién de mis amigos ha parado y puesto en vilo al congresista Rangel y al temido fiscal del distrito Eliot Spitzer. Nadie. Él lo hizo. Y quién arrancó de las garras maliciosas del Ministro Raful (el que cerró la Casa de la Cultura por varios largos meses) el libro “Foro de Literatura y Cultura Dominicana en New York”, el único y más importante testamento de la gestión gloriosa y brevemente penosa de Rafael Mendoza. Él mismo lo hizo. Curador de arte de noche y maestro de literatura y periodismo en las escuelas públicas de Manhattan de día. Nadie ama a los niños y a su comunidad como mi amigo. Por eso. Cuando me llama turbado o indeciso en cualquier momento y de cualquier lugar del mundo siempre tomo su llamada porque muy adentro sé que la balanza siempre ha estado inclinida hacia su bondad, generosidad y compromiso; de noche y de día.

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